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Louise Noelle Gras

LA ALHAMBRA, EVOCACIONES DE LUIS BARRAGÁN

Este recinto palaciego trae a la mente remembranzas de tiempos remotos, en los que la corte nazarí poblaba sus patios antes de que Abu Abdallah diera paso a Isabel y Fernando, los reyes que escogieron proteger su magnificencia y asentarse a la vera de sus jardines. Viajeros imaginarios y reales han recorrido embelesados sus tranquilas estancias y escuchado el murmullo consolador del agua, al tiempo que las notas que desgrana la guitarra de Francisco Tárrega nos transportan a sus Recuerdos de la Alhambra, y los ritmos seductores del Generalife nos sumergen en las Noches en los Jardines de España de Manuel de Falla. Resonancias, evocaciones, imágenes, estampas, narraciones, cadencias y melodías envuelven a los visitantes con un dejo de embrujo nostálgico, que pervive a través del tiempo.

En mayo de 1924, Luis Barragán se embarcó hacia España, para visitar algunos de sus escenarios emblemáticos con un grupo de tapatíos. De ello atestigua una foto, precisamente en el Patio de la Acequia del Generalife en el centro ese fantasioso mundo mudéjar que nos ha legado el azar. Así descubrimos, por una parte, que efectivamente el joven arquitecto visitó Granada y, por la otra, que su periplo andaluz tuvo lugar antes de su estancia en el París de la Exposición de las Artes Decorativas de 1925 y el hallazgo de los escritos de Ferdinand Bac. La fascinación pervivió en su alma encandilada, que guardó un recuerdo fiel de sus muros y sus vergeles, para plasmarlos en su obra.

A casi un siglo de distancia, Silvia Segarra Lagunes, recorrió apasionadamente la Alhambra conducida por citas de Barragán, para captar emociones e imágenes con su sensibilidad y su cámara. La arquitectura surge ante nuestros ojos en mensajes y sensaciones del pasado, al igual que el susurro de la brisa en la fronda y en agua en las fuentes. Un caleidoscopio de estampas intemporales que musitan al oído historias de pasiones moriscas y recogimiento medioeval, entreveradas con las de un arquitecto universal. Vetustas murallas rojizas que, recortadas sobre un cielo impoluto, protegen un palacio placentero, donde textos sagrados del islam acompañan la filigrana de celosías y mucarnas, y la presencia del discreto colorido de los alicatados. Laberintos vegetales que se nutren de sutiles corrientes del agua tan necesaria para su existencia y que, cuando esta se apacigua, refleja el esplendor de los escenarios que la contienen. Frutos esplendidos, que se ofrecen a la vez tentadores y lejanos. Todo dentro de una soledad que llama al misterio, el embrujo, la reflexión sobre la belleza que siempre buscó el joven arquitecto.

Louise Noelle Gras
México, marzo 2021

Francisco José Sánchez Montalbán

Silvia Segarra Lagunes, artista, diseñadora y pensadora visual, imagina la Alhambra en el universo emocional e intelectual de Luis Barragán. Un proyecto fotográfico inspirado en la visita que Barragán realizó en la Alhambra, en Granada (España) en 1924 y que tanto impresionó al arquitecto.

Las fotografías que Silvia Segarra ha realizado en la Alhambra son la suma de un cuidado y meditado conjunto de ejercicios sobre la percepción y la vivencia experiencial más allá del acercamiento al patrimonio histórico o a la arquitectura. La Alhambra, es un lugar complejo de entender y complejo de disfrutar; si bien al turista brinda una oportunidad única de contemplar magníficas vistas o de experimentar emocionantes percepciones, para el viajero o para el contemplativo, erudito visitante y para el artista, más allá de la estampa, es un lugar de encuentro y reflexión con el relato estético que ofrecen sus estancias y espacios.

Quizá esta sea la razón que ha movido a Silvia Segarra a contar historias fotográficas de la Alhambra como un proyecto que intente recoger aquellas impresiones que pudieran tenerse la primera vez que uno se encuentra en este fascinante lugar. El proyecto que presenta se construye en bloques que hablan de la inspiración y el encuentro que Barragán pudo haber tenido en su visita al monumento. La fotógrafa proyecta en estos apartados referencias al pensamiento arquitectónico de Barragán a partir de temáticas como el volumen de las formas arquitectónicas relacionadas y comparadas, el claroscuro como forma de relacionarse con la luz, la textura, el trompe l'oeil o las miradas indiscretas y furtivas que hacen reparar en aspectos propios de la mirada fotográfica. Todos ellos se piensan en el contexto del monumento, tanto en sus interiores, en los cuerpos arquitectónicos y en sus magníficos jardines.

Sin duda Barragán entendió bien este lugar, y sin duda lo asumió como un referente o un instrumento de investigación sobre la experiencia del espacio, sobre la persuasión de los sentidos y sobre el diálogo de las formas con una naturaleza sugerida y simbólica. Es posible que esta sea la idea que haya llevado a Silvia Segarra Lagunes a traducir su propia visión del monumento en los hipotéticos sentidos que captaran los ojos de Barragán, construyendo un paseo emocional desde la mirada fotográfica. Planteando una inolvidable experiencia de la mirada. Una caza emocional.

El espectador de esta exposición encontrará que las fotografías no están presentando un documento o un testimonio más o menos cercano a las vivencias de Barragán en La Alhambra, sino que le están invitando a vivir una aventura: la de construir de un espectáculo íntimo de ver y mirar sensaciones interiores; la propuesta de participar en un mirada del mundo desde lo diferente o desde lo escondido, desde una paráfrasis emocional, tal y como pudo abrigar el propio Barragán, o como lo concibieron anteriormente poetas como Federico García Lorca, Virginia Woolf, Rafael Alberti, Jorge Luís Borges, Ángeles Mora, Miguel de Unamuno o Francisco de Ayala; músicos como Francisco Tárrega, Manuel Falla o Claude Debussy; pintores como Mariano Fortuny, Joaquín Sorolla, Henri Matisse o Soledad Sevilla; y por supuesto, fotógrafos como Jean Laurent, Francis Frith, Charles Clifford o Louis Le Clerc.

Si algo tenemos claro en la actualidad sobre la Alhambra es que fue concebida, por encima de otras muchas razones, para agradar a los seres humanos, para crear sensaciones cautivadoras y atrayentes. La perfección en las formas y las proporciones; el agua, la luz, el color, el reino vegetal, son elementos que proporcionan bienestar a los sentidos. Y eso es lo que muchos viajeros y artistas han encontrado siempre en ella. Por eso, con estas fotografías, reflexivas y meditadas de Silvia Segarra, se abre un puente para conectar con el lugar, para saber de él y descubrir cada uno su propia experiencia seductora sobre Alhambra.

La Alhambra, como uno de los monumentos más fotografiados del mundo, ejerce una poderosa atracción fotográfica que hace que tanto artistas, profesionales, como turistas y aficionados tengan un encuentro personal con su cámara y una experiencia desde la mirada. Cuando Silvia Segarra Lagunes se propone defender la Alhambra como un espacio íntimamente relacionado con el pensamiento artístico de Barragán, lo que hace es expresar, contar y descubrir una reflexión visual y simbólica de la Alhambra como un recurso para la memoria colectiva.

La fotógrafa conoce muy bien lo que está fotografiando. Por eso transciende rápidamente de las evidencias y de las obligadas referencias narrativas y se recrea en una crónica inspirada y esteticista a modo de evocación interior. En su evocación busca materializar los efectos de los sentidos y quiere ilustrar las andanzas del pensamiento procurando resultados de felicidad contemplativa.

Cada fotografía es un trozo de tiempo, el trozo del pulso emocional que ocurre entre la fotógrafa y la realidad, entre su mirada y su exploración mental, concibiendo la Alhambra como un escenario donde el instante –la vida– es capturado, como metáfora de todos los referentes y simbologías que la historia ha ido depositando en ella.

Cada una de las fotografías de esta exposición demuestra que la Alhambra es siempre una Alhambra reinventada, una experiencia individual y orgánica que transporta el pensamiento del visitante, o del espectador de sus imágenes, a una infinitud de ventanas abiertas, de interminables posibilidades, a otros universos, a otras ideas de las que siempre, a posteriori, nacen renovados conocimientos, crecen refrescadas energías, surgen insólitos propósitos, como ocurre en la clarividencia de todo artista.

Francisco José Sánchez Montalbán
Granada, marzo 2021



© Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán A. C.